Quién soy
Ángel Mesías
Garrido San Fulgencio.
Desde 1978 con perros. Profesional desde 2011. Una vida entera aprendiendo estructura, manada y trabajo real.
No llegué al perro por moda.
Mi primer perro llegó a casa antes que yo. Se llamaba Sultán, un cruce de ratonero con chihuahua famoso en mi barrio. De él aprendí algo que todavía manda en mi forma de trabajar: la manada, la familia, no es decoración. Es estructura.
Después llegó Laika, una bóxer preciosa. Por temperamento y por falta de conocimientos no supe darle lo que necesitaba. Ahí entendí que entre un perro y una familia hace falta traducción. A eso hoy lo llamamos adiestramiento.
Del ejército al trabajo profesional.
En la estación de radio Santa Ana tuve mi primer contacto serio con mastines y con lo que antes llamábamos territorialidad; hoy lo entendemos mejor como protección de recursos. Después vinieron Tenerife, Golfa, pastores alemanes de seguridad y Ress, uno de los amores de mi vida. Él me enseñó lealtad.
Paco
En 2008 llegó Paco, uno de mis mayores maestros. Fue el primer amstaff destinado a realizar terapia asistida con perros y mi perro tutor en el albergue.
Manada terapéutica
Noa, Paloma y Tuty formaron parte de una etapa de adiestramiento, modificación de conducta, charlas y cursos por Alicante.
Perros terapéuticos
He trabajado con seguridad, asistencia, terapia, detección y alerta médica. De ahí viene nuestro nombre: Perros Terapéuticos.
Oficio, formación y barro.
Soy adiestrador canino profesional, adiestrador capacitado por Conselleria, instructor de perros de asistencia, técnico en modificación de conducta, técnico en terapia asistida con animales, técnico veterinario y formador reconocido por el Ministerio del Interior.
He colaborado en proyectos de perros detectores de cáncer y he construido 11 perros de alerta médica para diabéticos. También desarrollamos el Programa Rosa de estimulación prenatal, llamado así por mi madre.
Mi tesis doctoral canina.
Dirigí uno de los albergues legales más grandes de la provincia de Alicante y viví allí tres años. Aprendí la belleza de su estructura social y lo necesario que es un líder equilibrado.
Allí llegó el señor Ache, un border collie rescatado. Me enseñó sensibilidad, genética y que trabajar por presión no es bueno; pero consentirlo todo es todavía peor. Después de tantos años, sigo siendo un principiante con ganas de aprender.